Perdí todos los partidos del torneo
Perdí todos los partidos. Pero no me duele tanto, ¿será que ya me acostumbre a la derrota?
No quiero creer que se trata de <indefensión aprendida> sino más bien de un fenómeno psicológico en donde el ser humano no se siente determinado por los fracasos, porque sospecha que las victorias y las caídas son efímeras. Todo pasa.
“Claro que sé perder, claro que sé perder”, canto el estribillo a lo Franco de Vita.
Llevo una racha: en los dos últimos torneos perdí todos los partidos (en ambos no pasé la fase de grupos), pero ¿eso me tendría que definir como persona? He jugado 3 torneos en toda mi vida. Y en el primero -insólitamente- pasé a semifinal quedándome con el 3er puesto. Dejando claro que la suerte existe. O más bien existió.
No hay que olvidar que esto es un juego y, por ende, aunque no hay tomarlo tan en serio, todo juego trae enseñanzas para la vida.
En los 90s me causaba ruido la frase de Maturana, esa de “perder es ganar un poco”, eso no lo entendió el que asesinó a Andrés Escobar. Y aunque nuestras derrotas no tienen tanto eco como para que alguien haya apostado una fortuna por nosotros; en la vida real -cuando fallas- te puedes convertir en tu propio sicario: ese que te arremete con los balazos de la auto-queja y la falta de compasión si las cosas no salen como esperas. Hay que aprender a respirar, para que la exhalación expulse a la vibra del ego.
¿Cuáles son las 3 características de un “buen perdedor”?
1. Que disfruta las jugadas de su oponente mientras está siendo vencido. 2. Que no grita madrazos al aire por cada error que comete 3. Que le encuentra ganancias a lo que todos verían como debacle. Ese que, incluso si hubiese perdido todos los partidos 15-0, te habría dicho al final: “no importa, pero la mañana estuvo linda, el cielo azul y cayeron muchos mangos de los árboles al rededor”.
¿Qué gano cuando pierdo?
Victor Trespa, amigo de hace años, me dijo una frase el día en que lo llamé llorando porque tuve una situación familiar desagradable. Le expresé mi queja: “siempre el que sale perdiendo soy yo”. Él me respondió: “A este mundo hemos llegado a perder. Llegamos acá con la posibilidad de ganar muchas cosas pero, en el fondo, sabemos que al final perderemos lo más valioso: la vida!”. Él lanzó una película (autofinanciada por él) y la prensa le preguntó: “¿en cuánto tiempo vas a recuperar todo lo invertido?”; él les dijo: “no tengo nada que recuperar porque no se ha perdido nada”.
Eso me puso a reflexionar sobre cómo cambiar las perspectivas de las derrotas, para resignificar su efecto, en vez de satanizarlas.
¿Qué gané en medio de la racha negativa de derrotas?
Antes de hacer la lista, voy a recordar una escena parecida hace años:
En 2023, me monté a hacer 5 minutos de comedia en un bar de Bogotá y, dos años antes de eso, había fracasado en un bar de Barranquilla. Esa noche en Bogotá, al subirme a la tarima pensé: “mi mayor victoria acá no será solamente hacer reír a la gente, sino poder bajarme feliz y orgulloso de mí mismo, en caso que nadie se haya reído”. Estaba mentalizado a esperar lo mejor pero también estar preparado para lo peor. Y recibir ambos resultados con brazos abiertos.
Mis ganancias de ayer: a) haber contagiado de la pasión por este deporte a Jairo Uribe, un amigo que se animó a participar con solo un mes de estar jugando. Verlo entusiasmado, empatizando con los demás jugadores fue alentador para mí. B) Ver como Hermes llegaba a su segunda final en menos de 4 meses. C) Ver a Stephanie y a Jorge, jugar dos instancias finales en paralelo, D) que me haya acompañado mi familia: madrugaron para ver a papá codearse con jugadores de gran nivel. E) Estrenar nuevas jugadas (contesté bolas incontestables, rescaté puntos irrescatables, ya puedo usar la mano menos hábil con más confianza) F) Le choqué la mano a mi compañero cada vez que perdíamos un punto, nunca hubo tensión entre ambos G) Haber colaborado con el arbitraje de los partidos de instancias definitivas (la capacidad arbitral era un talento inexplorado en mí), H) Ver como tanta gente ha encontrado un propósito en el pickleball, una excusa para sonreír, para compartir, para celebrar avances de la coordinación del cuerpo, de fundirse en una sana comunidad que se sintoniza al bienestar.
A partir de ahora, voy predispuesto a encontrarle ganancias a todas las derrotas que experimente, y no es que me esté programando para quedar afiliado al perdedurísmo, sino a actuar como Siddharta cuando lo mandaron a vender una mercancía a un pueblo lejano, y al regresar contestó: “ok, no vendí nada pero conocí gente amorosa en el camino, probé frutos exóticos y olí flores maravillosas”. Aprendió las reglas del juego sin permitir que estas afectasen su corazón.



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