Alcancé un minuto de malabar con 4 pelotas


“Lo logré”, es la frase favorita de Pascual, mi hijo de casi 4 años, cuando avanza en algo. Por ejemplo, en echar agua en su vasito sin que se derrame una gota. Sin darme cuenta, he fomentado en casa una cultura de logros, no solo del resultado en sí mismo sino en la consciencia del proceso.

Y los malabares han ayudado mucho en eso. Las maniobras que parecen imposibles generan en mi una obsesión mucho mayor a aquellas que se resuelven con facilidad. El pasado 06 de Junio llegué a 51 segundos sin dejar caer las 4 pelotas.Y, desde allí, por más de dos meses, no encontraba la forma de llegar a los 60 segundos. ¿Qué es un minuto en la vida? ¡nada! 

Pero esos 9 segundos que me distanciaban de la meta, parecían una eternidad. Porque el cuerpo entraba en shock al sentirse cerca de la meta, ¿sería eso que llaman “miedo al éxito”? ¿Auto-sabotaje por proximidad a la gloria? Hay que estar en ese pellejo para saber qué tanto se altera al sistema nervioso y -bajo ese panorama- las extremidades no colaboraban con la culminación exitosa del proceso. 





En cada intento, cuando pasaba de los 30 segundos sabía que había posibilidades de superar el record, pero trataba de no ilusionarme tanto porque ya sabemos a donde lleva el micro-triunfalismo (“micro” porque acá todos es cuestión de segundos y milésimas). No obstante, debía adoptar una estrategia de mantener el movimiento, hasta acercarme a la zona en donde tuviera opciones reales de batir el record. Para el análisis, se me ocurre partir la gesta en 3 períodos sería: 


a) Los primeros 20 segundos: un arranque estable, sin mucho desplazamiento de piernas y con movimiento relajado de ambas extremidades. Incluso atreviéndome a alternar entre lanzamientos altos y bajos.

b) Los siguientes 25 segundos (hasta llegar a la cifra que se convirtió en mi promedio, entre Junio y Julio), cambiaba a una estrategia más conservadora: mantener el movimiento con las pelotas a mi vista (sin permitir que se me fueran muy abajo de la cintura, porque escapan de mi periferia visual) y -de esa manera- mentalizarme para el período crucial. 

Y c) los 15 segundos finales, estaba listo para respirar con más notoriedad, sonreír para bajar la agonía en la zona del pecho y tirar las pelotas unos centímetros más arriba, porque prefería asegurar el arrojo-captura desde lo vertical, y no con lo horizontal (en caso que el movimiento elíptico de las pelotas, me las fuera rodando un poquito hacia cada lado). Ahh y lo más importante: rogarle a mis brazos no fueran a fallar en el momento en que más lo necesitaba. Hubo algo determinante -que hice en el segundo período- cuando me repetí: “de aquí no se sale, de aquí no se sale”, fue un mantra para que mi mente creara una caja invisible -cercana a mi pecho- garantizando que las pelotas allí no se me desbordarían. Una especie de campo magnético favorable para mí.


Cuando la pelota cayó, suponía que había superado el record aunque desconocía -con precisión- la cantidad de segundos. De todos modos, corrí hasta el celular para mirar el video y determinar el tiempo exacto: restando el momento en que se interrumpió por caída libre menos el momento en que arrancó el movimiento elíptico de las 4 pelotas. Creí que habían pasado 58 segundos pero nunca esperé haberlo superado con 5 segundos más. Es como si mi cuerpo hubiese preferido agregar una gabela, por si las moscas.


De cada 10 intentos por romper el record, Cinco no pasaban del período 1, cuatro llegaban a período 2 y solo uno se asomaba -en franca lid- al período 3 (zona de posible rompimiento). Cabe resaltar que en un día no alcanzaba a hacer más de 20 intentos, pues implicaba mucho desgaste corporal y mental; además de los compromisos laborales y hogareños.


Por lo general, las veces anteriores -en que superé récords- solía desplazarme mucho con mis pies, bien sea hacia un lado en sentido horizontal. O dando giros (dos o tres). Todavía lo sigo haciendo, solo que esta vez no necesité más de un giro (360º) y medio (100º). Analizando el video, noté que me ayudó mucho a que el primer giro durara 40 segundos (abarcando los dos primeros períodos), lo cual implicó en menos gasto de energía para enfrentar la etapa del “sí o sí”. 

¿Qué otras anécdotas simpáticas sobre el logro? Fue a las 2:10pm en medio de un verano intento (sensación térmica de 40 Celsius), estuve a pie descalzo y sonaba de fondo el rock de Camioneros. El record anterior (el de 51segs) también fue bajo techo (en el gimnasio) y también a pie descalzo. ¿Coincidencias? ¿Por qué me costó llegar a los niveles altos del record a cielo abierto? ¿Será un conflicto visual cuando tengo de fondo mucho paisaje a cuando tengo solo paredes blancas?


PD: el día posterior al record, tuve unos 15 intentos, llegué 3 veces por encima de 50 segundos: 52, 55 y un minuto.

Quiere decir que -así como en el record de los cabezazos con el balón- lo que antes era mi pico ahora se volvió mi promedio. Y así sucesivamente… así es el camino de creer en uno mismo.

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