¿Qué aprendí al malabarear 4 pelotas?

 No sé si sea oportuno publicar este artículo, en donde cuento cómo llegué a dominar las cuatro pelotas. “¿Dominar? ¿Qué dices? “Si La maniobra todavía sale chueca”, el síndrome del impostor me habla al oído; “¡y qué importa!”, le refuto, “mejor chueca que en cero”, agrego. Siempre que evolucionó en una maniobra difícil suelo asegurar que esta es la más dura, olvidándome de otras que le competirían. Sin embargo, me sobran evidencias para comprobar que esta me puso realmente contra las cuerdas. Fueron más de 10 meses para empezar a ver la luz al final del túnel. No veía por dónde meterme. Muchas veces quise abandonarla por completo, aunque confieso que sí tuve abandonos temporales, hubo un par de meses en donde no quise saber nada de ella y cuando regresé incluso retrocedí. Para consolarme, me decía a mí mismo: “mejor haré más variantes con 3 pelotas que seguir insistiendo con la utopía de 4”. ¿Quién iba a pensar que hoy, 5 de marzo de 2026, estaría llegando ya a 17 segundos? cuando entre mayo y diciembre del 2025 -si acaso- llegaba a cinco segundos, después de mucho esfuerzo.


Sin duda, el cerebro tenía enfrente a uno de los desafíos más grandes de mi historia: coordinar ambas manos para que, cada una, se haga cargo de dos pelotas y describa un par de óvalos asincrónicos que engalanan el aire. Sin que choquen entre ellas. ¡Ojo! Aclaro: el ovalo de dos pelotas (en una solo mano) lo podía hacer de manera independiente, tanto con la mano hábil como con la no hábil. Pero cuando trataba de hacer los dos óvalos, en simultánea, allí sí, la cosa se ponía peluda. Y para lograr ese cometido, la fórmula secreta del éxito sólo podía ser descubierta con pura repetición. 





Antes de un viaje que tuve en Febrero 2026 (cuyo destino fue Buenos Aires) mi tiempo máximo -sosteniendo las pelotas- era de ocho segundos promedio (había avanzado un poco pero también me sentía atascado). Sin embargo, presentía que un cambio de aires me convendría. “Distinto paisaje, mismo resultado”, fue la frase que usé cuando realicé mi primera práctica en bosques de Palermo (21feb, a pocas horas de haber aterrizado). El jueves 26 de febrero, cinco días después de haber llegado, por primera vez toqué la frontera de los 10 segundos, mientras practicaba en arque Patricios durante un Break laboral. Y, para rematar, el lunes 2 de marzo -habiendo ya regresado a casa- mientras paseaba, con mi esposa y mi hijo menor, por los jardines de un parque, pasé a15 segundos (en menos de 3 minutos de estarlo intentando). Cuánta emoción.


Quiere decir que la evolución, después de alcanzar la marca de 10 segundos, es mucho más rápida que cuando estaba por debajo de ese registro. Eso confirma que en todo proceso si hay un punto de inflexión -una bisagra- que si lo sabes esperar, de ahí en adelante todo fluirá más fácil. El quid del asunto es ¿cuánta gente está dispuesto a esperar?


Eje Y (segundos) vs Eje x (desde Mayo 2025 a Marzo 2026)
Eje Y (segundos) vs
Eje x (desde Mayo 2025 a Marzo 2026)



“¿Como lo lograste? Cuenta más detalles específicos”, se preguntará el lector. Fue un conjunto de ajustes Y voy a ir mencionando los más relevantes: 

1. El saque: podía asegurar que el 80% del éxito en esta maniobra depende del primer lanzamiento. Y de lo que hace <la mano que no lanza> mientras que <la mano que lanza> se desprende -vertical hacia arriba- de la primera pelota. Esa coordinación entre ambas es preponderante y es un micro-movimiento para entrenarlo por aparte. Refuerza el sentido de la frase: “desde el desayuno se sabrá cómo será la cena”. O también es como el pensamiento inicial de una persona que recién despierta: si es positivo lo que se le viene la cabeza, ¿tiene garantizado un exitoso resto de día? Ojalá que sí. Aunque conviene contratar a un guardaespaldas para blindarse de la incertidumbre.


2. Cuando ya rompiste la inercia (pasaste los 8 lanzamientos), es vital la calma para mantener una estable fuerza de lanzamiento (que no alcancen una altura ni tan alta, ni tan baja), de la dirección (para que no se te salgan lateralmente del encuadre de tu visión) y la posición de la palma de la mano (sobretodo la izquierda, en mi caso) para evitar que el ejercicio se tuerza y se descomponga en menos de dos segundos. También fue importante acostumbrarse a tener ambas manos a la misma distancia del pecho para evitar asimetrías innecesarias que luego aturden. Entre otros ajustes motrices y ergonómicos que se fueron develando gracias al circuito ejecuto-ajusto. Algo fundamental fue haber hecho practicas indoor (el 90% de las veces practiqué en exteriores) y eso me ayudó a regular la fuerza, ya que el Cielo no era mi límite, sino el techo. Además que si mis movimientos no fuesen calculados, habría podido romper algún vaso o decoración de vidrio. Me faltó probar dentro de un ascensor (estoy a tiempo), allí creo que sí me tendrían que entregar el diploma de la precisión.


3. Saber en qué momento parar la práctica, puesto que el ejercicio genera mucha ansiedad y ya después de muchos minutos hay que decir “hasta aquí”, para no terminar de mal genio. Y es que hay algo muy curioso en esta maniobra: el rendimiento es mejor cuando tienes pocos minutos de práctica (menos de 20), después empieza a decaer. En ese orden de ideas es muy probable que tu primer lanzamiento sea lo mejor que tengas durante la práctica. Caso contrario a otras maniobras, en las que el mejor lanzamiento llega después de haber calentado bastante. No creo que haya otro ejercicio en el que el ensayo y el error tenga más protagonismo que en este. Te dices a ti mismo cosas como: "ahora voy a sacar 2 cm más abajo de donde saqué hace un minuto”, “ahora sacaré desde la altura de la cintura”, “ahora a la mano izquierda la voy a rodar medio centímetro más hacia allá”, “ahora voy a hacer que las dos primeras pelotas tomen menos altura”, después de muchos fallos consecutivos: “¿qué tal si me doy una vuelta respirando hondo a ver si la puerca puso?”. Proyectiles de la atención plena. Revelación: por mucho que yo supiera cuáles eran los ajustes a realizar, me generaba agonía saber que no progresarían de un día para otro, sino que iba a tomar tiempo. 


Vale, la bebé de un amigo -con apenas dos años y medio- me veía practicar en la terraza de su casa, mientras yo conversaba con su papá. De repente, pude escuchar su grito de emoción cuando notó un parámetro distinto y armónico en mis lanzamientos después de una seguidilla de errores. Para esos días yo alcanzaba con mucho esfuerzo un par de segundos (que eso equivale a cuatro u 8 lanzamientos) y me sorprende que ella -pese a su corta edad- no pudo ser indiferente a lo que estaba pasando. Hoy sigo inquieto cavilando: ¿Que habrá sido lo que me hizo despegar? quizá fue haberme dado la oportunidad de entrenar unos días en un clima no tan caliente. Quizá fue haber escuchado los expertos (entre entre esos, el ruso Rad que postea desafíos similares a los míos en video) o quizá fue un toque suerte (nunca falta). No sé puntualmente qué fue lo que desató el progreso, lo que sí sé es que el malabar te vuelve experto en ti mismo. Porque, como casi toda disciplina que se practica con elevada consciencia, te mantiene en la sintonía de autodescubrimiento. La persistencia, otra vez, fue la protagonista de toda la satisfacción. Cada vez que quiera rendirme ante algo, que parezca complicado, me acordaré de esto.


PD: Es posible que cuando este artículo haya salido a la luz, la marca alcanzada ya haya quedado desactualizado. Ya me pasó con ejercicios anteriores, por ejemplo, el de los rebotes de balón con la cabeza, lo escribí cuando llegué a 100 rebotes y cuando lo publiqué ya iba por encima de 120. Esto me deja un mensaje: la percepción que los demás tienen de tu capacidad, quedará desactualizada si tu te mantienes en constante evolución.  (¡Qué va! Este artículo lo escribí el Miércoles 04 de Marzo, lo publiqué el Viernes 06 de Marzo y la marca no ha aumentado pero sigo sin desfallecer).

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