El # nequi estaba errado y la transacción iba en curso cuando me di cuenta.
El #nequi estaba errado y la transacción iba en curso cuando me di cuenta.
Fueron los 10 segundos más infartantes de mi historia recién. Intenté oprimir el botón <cancelar> sin saber que ese botón sólo existía en mi imaginación. En medio de mi impotencia, intentaba cerrar forzosamente la app, como si eso sirviera de algo. Ese agitador instante fue la oportunidad para comprobar que no existe el control+Z para las cagadas financieras.
Ya me veía yo llamando a una persona cuyo nombre y ubicación no me eran conocidas, así como tampoco, sus valores morales. Ya me hacía a la idea de estar, tres minutos después, implorándole que no me mintiera, que aceptara devolverme el dinero o que me ayudara a intermediar ante quien me lo pudiera regresar (en caso que ese número ahora le perteneciese a su exnovio o a un excuñado). O en el peor de los casos, me veía tan resignado como un mes atrás, cuando -en ese mismo lugar: el patio del colegio donde estudia mi hijo- di clic a una estafa de cuantía cuatro veces menor, por andar multitaskeando.
Grité sollozadamente “no puede ser”, “no puede ser”, mientras la transferencia en curso tardaba un poco más de lo esperado. El profe de Karate de mi hijo pudo haber creído que estaba jugando Minecraft en el celular y estaba apunto de ser eliminado. Pero no, por fortuna se trataba de una preocupación más adulta. Hasta que apareció el mensaje menos esperado y, a su vez, el más reconfortante: <número no válido>. Me volvió el alma al cuerpo. Certifiqué que la vida era momentáneamente justa. Concluí que “quién no pierde cuando estuvo a punto de perder, es como quién se adjudica una victoria en franca lid”.


Comentarios