A mis 46
Antes de mis 36, cada día pensaba en morir. Y no de forma natural. Pero, menos mal, nunca pasé de la palabra a la acción. Afortunadamente fui muy gallina. Se sataniza mucho la cobardía pero ¡hey! hay mucho que agradecerle también. Le tuve tanto respeto a la muerte o a la incertidumbre, de no saber qué había más allá (a lo “no sé Ernesto, no se´”) que preferí buscarle propósito a la vida. Tanta depresión seguida me empujó a explorar el sentido de la vida, ahora tengo motivos de sobra para permanecer. Tengo tanto que hacer en esta vida, que si me proponen una elongación de la vida -con esto del avance de la medicina- les digo: ¿a dónde hay que firmar? Hace poco una amiga que su esposo, al verme en un performance navideño, le comento: “Jairo tiene una cara de niño que no puede con ella”. Y las pocas, o nulas, arrugas que han tomado posesión de mi rostro son síntoma de cómo en mi vida le he subido el volumen al mejor rejuvenecedor: la coherencia.
¿A dónde está mi fortaleza? 1. En los límites que he puesto, 2. en los vínculos que he generado y 3. los imposibles que volví posibles con la magia de atreverse.
1. No es el año en que más límites he puesto, pero seguro sí es el año en donde los supe poner y luego no quedé con el yunque de la culpa. Solo recordar a las personas que intentaron sobrepasarse y su cara de “jamás pensé que este man iba a reaccionar con tanto carácter", ayyy con permisito dijo monchito.
2. En materia de vínculos, actualmente estoy leyendo un libro llamado “amistad” de Mariano Sigman, ¿qué más te puedo decir? Sigo disfrutando a la gente que me rodea y la gente que me rodea también me está disfrutando (juraría que sí, mmmmh a ver y les pregunto. Ya regreso… ok, sí volví… revisé los chats con ellos y sí ¡no hay duda!). En familia, sigo estando orgulloso de mis hijos, ser el padre más presente de la historia para romper el mito de aquellos padres -de antaño- que jamás se tiraron al suelo a jugar con sus niños. Eso sí todavía grito cuando pierdo la paciencia. Y cada día me enamoro más de la mujer que eligió darme su amor y recibir el mío.
3. Mi vida cada año se vuelve más una apología a las capacidades y a las posibilidades. Creciendo, experimentando, analizando cómo se mejora el rendimiento en equis área de la vida que interese. Y, como proyecto, ya empezó a dar los primeros frutos. Con un crecimiento orgánico, no con levadura emprendedurística.
Y seguiré sacando preguntas existenciales, porque mi vida es una conversación abierta a la que unos entran, otros salen pero ninguno se va estafado. Todos agregan su diversidad y su cosmovisión. Y Que no falte la música, la risa y el pensamiento crítico.

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