Cuando lo imposible se vuelve posible
Había visto, meses atrás, en instagram a un malabarista que metía todas las pelotas por la espalda. Luego me enteré que a esto se le llama backcross de tres pelotas. Pero lo sentía como el veneno para los niños: <<manténgase fuera del alcance>>.
Pero una parte de lo inalcanzable parecía alcanzable, empecé a sospechar.
Hace meses empecé a hacerlo con una sola pelota y con la mano izquierda me fue más fácil con la mano derecha (ver video).
Si hago el ejercicio por individual (sin que esté en el circuito de 3), es decir: una sola mano lanzando una sola pelota (mientras la otra mano atrapaba). El ejercicio resultaba exitoso, con ambos brazos. Sin embargo cuando el backcross individual lo hacía en medio del circuito de 3 pelotas (es decir sin que el flujo de la cascada se interrumpiera) allí sí el desenlace se partía en dos historias. a) Cuando la mano izquierda lanzaba (y la mano derecha recibía) lo lograba 8 de cada 10 veces. b) Cuando la mano derecha lanzaba (y la izquierda es quién recibe) lo lograba 2 de cada 10 veces. Polos opuestos en materia de resultados. Eso me hacía suponer que cuando intentara hacer el backcross (haciendo que ambas manos lanzaran, en seguidilla, por detrás de la espalda), la mano derecha sabotearía el proceso porque le estaba colocando una responsabilidad para la cual no estaba preparada.
Si la mano derecha fuese una persona que suele errar -la mayoría de las veces- en una jugada específica, cualquiera le diría: “si te aturdes en condiciones normales, ¿cómo no vas a aturdirte en condiciones de mayor presión?” Estás pidiendo peras al olmo”. Pero en los procesos de alto rendimiento hay lugar para la sorpresa. Y lo que no resulta en la comodidad, es posible que resulte en la incomodidad. Y si no pregúntenle a los estoicos. O a los inmigrantes que se meten a taxistas y -si en su patria eran desorientados- en la nueva tierra les toca ubicarse como sea porque el hambre acecha.
Y Manos a la obra, procedí a enfocarme en el laboratorio corporal de lograr maniobras cuasi-imposibles. El Lunes 07 de Septiembre, una niña que vive en un conjunto residencial, se me acercó a aprender malabarismo. Mientras le indicaba los movimientos básicos, se me ocurrió mostrarle el backcross con dos pelotas (el paso intermedio para hacerlo luego con tres). Y decirle que se animara a intentarlo algún día. Obviamente debía empezar con el backcross de una pelota. Ella quedó admirada cuando me salió ese backcross de dos (ver video). Y eso me motivó a seguir practicando al día siguiente para tenerlo listo y mostrárselo. Simultáneamente ella practicó la cascada de 3 (los primeros 3 lanzamientos) e iba teniendo éxito. Imagínense su cara de satisfacción. La misma cara que suelo tener hace 2 años y medio que inicié esta práctica.
Al día siguiente me puse en la misión de afinar el backcross de dos para tener la esperanza de meterlo durante la cascada de 3 pelotas: El reto mayor. Porque una cosa es hacerlo sin estar en el circuito de la cascada y otra cosa es hacerlo estando en ella.
El jueves 10 fue el día en el que dije: “aquí ya voy a arriesgar a meterlo el doble backcross, quizá me estoy precipitando para vamos a ver qué pasa”. Como era de esperarse, fueron mil y un intentos, la frustración iba a ser la constante pero el manejo de la frustración iba a ser relevante. En los primeros intentos, ambas pelotas (la lanzada por la extremidad izquierda y la derecha) se iban lejanas, formando una equis muy ancha en la retaguardia, ni siendo el hombre elástico las iba a alcanzar.
Vino el dilema inicial: ¿cómo es más probable que resulte el ejercicio? Haciendo que la mano hábil (la izq en este caso) lance primero en el doblecross o, más bien, inicio el lanzamiento con la que acierta con menos probabilidad. Ensayé ambos casos y concluí que era mejor asegurar el primer lanzamiento por detrás y así tener un “segundo sagrado” para convencer a la mano derecha de darle continuidad apropiadamente. Y así fue. Haciéndolo de esa manera tenía más acercamiento al éxito que al revés.
Luego vino el otro dilema, quizá el mayor, entender la secuencia de cuando el ejercicio hacia el switch: pasando de la cascada al double backcross, tenía que poner al tiempo en cámara lenta sin que que el tiempo se dejara poner en cámara lenta. ¿Por qué tuve que hacerlo? Es que cuando lanzaba con una mano por detrás y luego con la otra. No entendía nada lo que estaba pasando en el aire. Solo sentía que un número crecido de pelotas sobrevolaban mi cabeza como si fueran dinamita y luego, cayendo al piso, explotaban como si fueran misiles entre Israel e Irán. Experimentaba un aturdimiento que no me quitaba las esperanzas de acercarme a la gloria. Y fui repitiendo el movimiento, un intento tras otro y -en una de esas- llegó la revelación: me detuve un minuto a analizar cómo debía ser el orden de lanzamientos-atrapadas. Si quiero que la mano izq sea la primera que lance por detrás, debo hacer que -un movimiento antes- la mano derecha debía dejar la pelota suspendida en el aire para que me de tiempo de iniciar el doble backcross. Cuando la mano izq mete por detrás, debo asegurar que se forme una curva muy precisa (a una altura de dos cabezas por encima de la mía) para que me de tiempo de agarrar con la mano izquierda la pelota que la mano derecha dejó servida al inicio del movimiento que rompió la cascada. Y además, la mano derecha se prepara para hacer el lanzamiento por detrás que tendrá como destino el hombro izq, formando el mismo gancho al que se formó previamente. Aclaro que el gancho que forma la mano derecha no me sale tan estético como el que formó el brazo izquierdo pero, para arrancar, eso sirve. Y la jugada remata con la mano derecha atrapando la bola que vino desde atrás y la mano izquierda lo mismo: atrapando la bola que le mandó la mano derecha. Tantos movimientos complejos en menos de un segundo. Si el cerebro no se recablea de esa manera, entonces dime cómo jajaja. (Si se enredan con en este párrafo técnico, aquí pueden ver el video, vista frontal y trasera)
Más que ver en videos los momentos del acierto, deleita analizar cómo eran los intentos en los que estaba casi-casi. Es decir, cuando faltaba la atrapada final para volver a la cascada de 3. Sin que el flujo se interrumpiera. La cara del casi-casi reflejaba una satisfacción distinta a la cara de cuando lo logré. En el casi-casi, el rostro decía: “no lo he logrado, pero ¡nada de angustias!, estoy cerca y es inevitable que -en cuestión de minutos- pronto esté concretando el reto”.
Y en cuestión de dos o tres minutos se concretó, recuerdo que me arrodillé en señal de gloria, agradeciendo al Cielo y diciendo: “todo se puede, o no todo, pero sí muchas cosas se pueden con disciplina, con enfoque, con auto-convicción”. Aleluyaaaaaa
¿Qué viene después de la victoria? De alcanzar algo, ¿dormirse en los cabales? No, seguir entrenando la misma jugada al día siguiente para que las rutas neuronales que construiste no vayan a borrarse. Los aciertos no pueden ser one hit wonder. Merecen ser un proceso que se asiente, se consolide para que luego fluya tan natural como respirar o rascarse la barriga. Hasta que se haga con los ojos cerrados.




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